Inevitable (poesía)

“Acuérdate de tu Creador… antes que
La cadena de plata se quiebre y se rompa el cuenco de oro,
Y el cántaro se quiebre junto a la fuente, y
Y la rueda se rompa sobre el pozo
Y el polvo vuelva a la tierra
Y el espíritu vuelva a Dios que lo dio”. Eclesiastés 12:6 y 7

Como tanques de guerra aparecen esas máquinas,
destruyendo a su paso añosos ciprés
huertas, acequias y bellísimos pinos
en nombre de la urbanización.

Barrios enteros surgen sobre las umbrosas quintas
de Las Palmas, tapando esmeraldas
sobre los surcos y lágrimas de los abuelos y
como remanente solitaria
una casa vieja con un aljibe,
antes centro de atención,
hoy monumento mudo esperando el fin.

Antes acaparando las lluvias
acaparando charlas y carcajadas
acaparando secretos en tu brocal
donde Rebecas y Samaritanas compartían
mientras llenaban sus baldes
del oro vital.

Hoy está silencioso.
Con su roldana herrumbrada
sin el chirriar de la polea.
Te ví tantas veces y pensé
¿Quién vivió allí?
¿Quién tus hierros forjó?
¿Quienes pisaron el trébol
que a tu alrededor creció?

Pozo vacío y seco
te llevas guardado rondas infantiles
bullicio santo de encuentros familiares
de romances y abuelos tranquilos en sus mecedoras
“tomando fresco” en los lánguidos veranos.

Sencillez, contentamiento,
desconocida plenitud de antaño,
se disipa en aras del progreso.
Todo se gasta
Todo termina
Desaparece-
Mientras las máquinas
van topando recuerdos y jardines…
Te estampo, te guardo.
Porque todo se gasta.
Todo termina.
Inevitable.
Desaparece.
Como vos y yo.

Lidia Lewczuk de Masalyka